viernes, 16 de julio de 2010

“Amo las limitaciones, porque son la causa de la inspiración." Susan Sontag


(Acerca del texto “Esperando a Godot en Sarajevo” de Susan Sontag)

En 1993, durante la guerra en Sarajevo, Susan Sontag viaja a la ciudad para llevar adelante la obra de Beckett. Entre las ruinas, en un teatro que se cae a pedazos, bajo el constante ruido de las bombas, con actores que han de esquivar francotiradores para ir a un ensayo y con un público sacudido, humillado, hastiado y destrozado por la guerra, la escritora estadounidense hará algo más que montar una obra de teatro: contestará algunas preguntas y formulará otras, dejando evidente lo poco que se sabe realmente acerca de la relación entre la guerra y las personas.

El relato de la experiencia teatral en una ciudad sitiada, obliga a desarmar la realidad que conocemos, pieza por pieza, para luego construir otra basada en otros principios y condiciones. Condiciones del orden de lo material y lo simbólico.

La guerra transforma el espacio y el tiempo. Las 10 cuadras que realizábamos para ir al trabajo, a la escuela, al club, se convierten en una distancia mucho mayor, cuando el recorrido está salpicado de ruinas, zonas peligrosas, esquinas en las que es mejor no asomarse. El mapa de la ciudad, el lugar donde vivimos, se modifica, muta, cambia en el asfalto y luego lo hace en nuestra mente. Un edificio de correos pasa a ser un bunker enemigo. Las esquinas de una feria, antiguo lugar de reunión y paseo, es ahora el lugar más expuesto y peligroso de la ciudad. La torre de la antena de radio, puede ahora albergar un francotirador, que todo lo ve, que en cualquier momento puede vernos. Y los francotiradores matan con su vista.

Cambia la idea del hogar, de lo privado, de los lugares protegidos, familiares. Cuando hay peligro de recibir un disparo al asomarse a la ventana de la cocina, o cuando las bombas caen indistintamente en edificios gubernamentales o en las casas, no hay dintel, zaguán, puerta o título de propiedad que diferencie a unos de otros. Todo es un gran campamento.

Cambia también el tiempo. El tiempo de recorrer una distancia, de alcanzar un sitio. Pero también cambian los horarios. El día es cada vez el día, porque la noche, es cada vez más La Noche. Las mañanas se invierten en ir a buscar alimentos y agua. Las jornadas y las actividades se reacomodan.

Sarajevo no es una ciudad en guerra, no hay un frente de batalla, ni enemigos definibles. En Sarajevo puede llover fuego de un momento a otro, o la tierra puede abrirse bajo nuestros pies. Porque sí.

Sontag intentará, aquí, montar una obra de teatro.

Además de transformar (destruir, dirán algunos) los principios materiales, espacio temporales, que rigen la vida de un lugar y una sociedad, la guerra avanza sobre su cultura, sus pensamientos, sus emociones, su historia. Avanza sobre su territorio simbólico, destruyendo parte de lo viejo, creando nuevos tipos de relaciones, de formas de concebir e interpretar la realidad en la que se ha visto sumergida.

Sontag es interpelada sobre si es correcto pensar en teatro en Sarajevo, bajo esas circunstancias. Si no es demasiado, además, que sea una obra tan pesimista como la de Beckett. Si habrá actores, si habrá público.

La obra de Sontag funcionará como un contraataque para recuperar el territorio de lo simbólico. Agrupará a los actores dispersos, dándoles un espacio para desempeñar aquello que hacían antes de la guerra. A los ciudadanos, les dará no solo arte, sino también la posibilidad de reunirse para ver algo más que ruinas y un destino fatalista. Logrará vencer un poco el miedo de la gente a agruparse (otra nueva configuración del orden de lo material: si la gente se agrupa, aumentan las posibilidades de que les caiga una bomba). Les mostrará su propio ayer, conectándolos con su Vida Antes de la Guerra, para, quizás, con suerte, permitirse proyectar un futuro. El pesimismo de la obra de Beckett, dice Sontag, ¿acaso podrá hacerlos sentir peor de lo que ya se sienten? Quienes suponen este tipo de cosas, desde la comodidad y seguridad de la distancia ¿entienden verdaderamente la guerra?

Uno a uno se irán sorteando los obstáculos físicos, que no son pocos. La falta de actores, de escenografía, de luz (ensayarán con velas prestadas). Lentamente, se recupera terreno simbólico. La obra saldrá adelante, como se pueda. La gente se agrupará nuevamente a escuchar y ver una historia, como antiguamente se hacía junto al fuego. Allí no llegan las bombas.

1 comentarios:

Emu dijo...

Hola Pablo,

Qué bueno que estés trabajando con el texto de Sontag, es muy interesante. Da para pensar.

¿Leíste Esperando a Godot?

Saludos!

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