sábado, 1 de mayo de 2010

El jesuita y el cuis

Entre las ruinas de una ciudad, vivía un jesuita. Por las noches, veintiún buitres lo sobrevolaban: algo intuían. A pesar de andar medio viudo de fe, el monje no se dejaba influir por las aves y rehuía el suicidio. Cada día, desafiaba el guión escrito por el demiurgo que había destruido, gratuitamente y sin juicio alguno, la ciudad que sus manos habían construido. Con la primer luz diurna, se despertaba, se colocaba con cuidado su sombrero marroquí y como un saltimbanqui, con cuidado y casi sin hacer ruido, cruzaba los escombros de la ciudad inundada por el agua del acuífero. Se sentía tranquilo, con esa tranquilidad que solo tienen los oriundos de un lugar, aunque haya quedado en ruinas

A veces, un cuis lo miraba desde una roca. El jesuita le silbaba como un ruiseñor, pero el animalito siempre huía. Un día, mientras el agua fluía por sus pies, sentado en uno de los ríos formados por la inundación, sintió que el cuis se le había acercado. “Aquí”, le dijo mientras le daba un pedazo del pan que había incluido en su equipo antes de salir de caminata. “Un pequeño triunfo”, pensó.

Y a partir de ese día, lo llamó Luis.

5 comentarios:

Claudia Risé dijo...

muy galeano este texto
me gustan los buitres, el cuis y el ruiseñor, en tan breve extensión
me gusta que cuente "un pequeño triunfo"
extrañamiento

ha llegado antes! bien

Pablo Páez dijo...

Llegó antes! Es que estaba revisando los apuntes y con las palabras se me vino a la cabeza esa imagen del jesuita y el cuis y si no lo bajaba rápido a texto, lo perdía.

Lisandro Gallo dijo...

Esos momentos hay que aprovecharlos, "pequeños triunfos".
Me gustó mucho el texto, inspira una cosa de oralidad, de cuento popular, peor atravesado, como dice Claudia, por cierto efecto de extrañamiento.
Saludos.

Emilia dijo...

Coincido, también algo de cuento infantil. Una micro historia con un bonito juego con el lenguaje y los sonidos. Porque a veces uno se olvida que en la escritura también ocupan un lugar importante los sonidos, pareciera que a menos que se escriba poesía no hay que llevarle demasiado el apunte a esas cosas. Y terminamos pensando a lo Platón, la forma por un lado y las ideas por el otro. Así que está bueno cuando en un texto se logran reunir las dos partes: jugar con el lenguaje pero también focalizar en el plano de los contenidos. Si es que podemos separar ambos aspectso tan fácilmente, en el fondo tampoco es demasiado válido trazar ese límite, un texto es un todo.

Saludos!
Emilia

Pablo Páez dijo...

A qué le llaman "extrañamiento"?

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